25/10/06

INCLUSIÓN

Hacia el encuentro de
todos los peruanos

El diálogo no solo es hablar o aceptar lo que dicen los demás, sino saber escuchar.

Guido Sánchez Santur
sasagui35@gmail.com

Los conflictos sociales son una constante en el país: huelgas sindicales, protestas de la población contra las mineras, desmotivación entre los trabajadores de las empresas, caos en las ciudades, pobreza extrema…son los males que azotan al Perú y que parecen insalvables.
Baltasar Caravedo sostiene que somos una sociedad inmersa en desafectos muy profundos, en la que nos percibimos como si fuéramos enemigos, hijos o padres (paternalismo). Esta situación tiende a generar barreras o desencuentros en nuestra relaciones interpesonales.
El sentimiento generalizado es la falta de reconocimiento de los unos a los otros, negamos la diversidad y excluimos al que no es igual y que no piensa, no se viste o no habla como nosotros.
La relación que impera es de tipo paternalista, de dominación y de prejuicios. Actuamos como si los otros no existieran y que solo somos quienes tenemos cierta formación intelectual o cultural, orientada desde un segmento del pensamiento mundial. Entonces la exclusión no solo parte de nuestro lado, sino de quienes son dejados de lado.
LA INCLUSION
La solución no está a nivel racional o intelectual, sino del afectivo. En una sociedad fragmentada lo habitual es la confrontación y el conflicto, entendido como una fuerza destructiva, donde el diálogo es nulo.
Para Caravedo, el diálogo no consiste en aceptar todo lo que nos dicen o que hagan lo que esperamos, sino sobretodo saber escuchar, ser tolerantes. Esto implica asumir una postura de humildad, aceptar que no existe una sola verdad, sino que todas las opiniones, informaciones e interpretaciones son posiciones distintas, pero con plena valides. La verdad no está en ningún lugar, ni la tiene alguien, por eso el problema surge cuando nos sentimos propietarios de una verdad.
Al escuchar con humildad se abre la oportunidad de enriquecernos con las otras perspectivas. Queda claro que sentarse en una mesa a hablar no es dialogar. El gran desafío es logra que nuestra sociedad se integre, aceptando las diferencias, así como los puntos de vista distintos a los nuestros, sin descalificarlos.
“En la ciudad, los choferes sienten que solo existen ellos y los otros son los imprudentes, los bárbaros, los que no respetan las leyes. Sin embargo, todos nos comportamos de la misma manera cuando estamos frente al timón: desconocemos a los demás. ‘Me paso la luz roja porque estoy apurado’, no importa que genere situaciones de riego en los otros”, precisa.
El autoritario está presente en cada uno, las normas solo las cumplen los que no tienen poder. En ese contexto hay una serie de miedos y temores que están presentes, y que se manifiesta a través de una profunda desconfianza.
Además de ello, las formas de enseñanza parecen que están diseñadas para impartir terror, generar miedos y desconfianza. Es inconcebible que todavía exista la educación memorística. Así se genera una cultura del terror muy sutil, en la que solo interviene el que no tiene miedo, los audaces, los que no respetan y callan los que respetan y quienes tienen más consideración por los demás. La misma falta de reconocimiento es un castigo.
También debemos entender que esta es una sociedad muy informal. El formal tienen miedo a la informalidad y el informal a la formalidad. Usualmente estamos en ambos mundos, nadie es totalmente formal o informal. Ninguna persona, institución o empresa respeta a cabalidad las normas, se violentan las leyes o códigos. En términos generales, vivimos en una cultura de miedos y ausencia de reconocimientos.
Las instituciones se sostienen en esa base de miedos y desconfianza, en las que la imagen del ‘serrucho’ siempre está presente y hay una permanente lucha por el poder, tener influencia. Todos se cuidan y se protegen. En consecuencia, tenemos entidades débiles porque las normas no se aplican ni se respetan. Con ello, edificamos una sociedad que tiende al desencuentro, a la distancia, al enfrentamiento, ala confrontación y que rehuye del diálogo o solo aparenta.
PROPUESTA EN MARCHA
En este contexto desalentador, Baltasar Caravedo, lanza la iniciativa denominada El Encuentro de todos los peruanos, que debe desarrollarse en el transcurso de 10 años con la participación de personas decididas a transformar este orden cínico y de miedos, y transformarlo en otro con afectos positivos y de plena confianza.
El proceso es largo e implica promover el acercamiento. Destaca que existen algunos esfuerzos como las mesas de diálogo, el Acuerdo Nacional o el Grupo de Diálogo Minero, como muestra de que la sociedad está construyendo, más allá del gobierno o al margen del él, nuevas experiencias que se deben potenciar a fin de crear un nuevo contexto, donde haya un clima de acercamiento y de reconociendo la diversidad.
Esta iniciativa se hará realidad formando coaliciones entre personas que vienen de mundos distintos (empresarios, ONGs, deporte, arte, educación, comunidades campesinas nativas, etc.) y que son capaces de transformar la sociedad peruana en aras de una acción coherente.
En este caso se abre la posibilidad de generar espacios reales de congregación de diferentes mediante las ferias de encuentros de todos los peruanos, desterrando los temores y reconociendo las experiencias positivas y los espacios de diálogo.
El proceso va más allá, requiere el apoyo de los medios de comunicación a fin de que se incluyan estos mensajes en las películas y novelas peruanas, así como en los programas televisivos y musicales, en los grupos artístico. Se trata de un sentimiento que debe ser asumido y expresado cotidianamente, en el que no solo exijamos el respeto a nuestros derechos sino que también asumamos nuestro deber.
El objetivo es lograr una sociedad integrada, en la que la diversidad y los demás sean reconocidos, y que el diálogo sea una pauta de relación predominante y no lo informal, desterrando la imposición de condiciones y teniendo implícitas las normas que gobiernas las relaciones.
“Si los políticos se convierten en representantes efectivos de aquellos que emiten su voto y los escuchan directamente y no solo a través de los medios de comunicación, o si cambian su manera de conducirse, será una expresión de se logró ese gran cambio cultural en el país. No queremos políticos que expropien nuestra voluntad y luego ni nos tomen en cuenta”, enfatiza.
Sino se producen estos cambios, de nada servirán los inmensos recursos económicos que se avizoran gracias a la minería, la agroexportación y otras actividades, puesto que la sociedad no cambiará, el proceso cultural es el mismo, la población, los dirigentes y las autoridades continuarán actuando de mala fe, sin importarles el bien común. Los miedos y la desconfianza persistirán.
BREVE RESEÑA DEL AUTOR
Es economista, tiene una maestría en Sociología y un diploma en Dirección Estratégica de Empresas. Ha publicado varios libros sobre Historia Económica peruana del siglo XX, Descentralización y Responsabilidad Social de la Empresa. Entre otras actividades profesionales ha sido profesor de la Universidad del Pacífico, de la Universidad Católica y de la Universidad Nacional del Centro, Investigador del Instituto de Estudios Peruanos, colaborador Científico del Centro de Estudios y Documentación Latinoamericano de la Universidad de Amsterdam, presidente Ejecutivo del Directorio de una institución psiquiátrica y director del Sistema de Apoyo Local de la Inter American Foundation. Director Ejecutivo de Liderazgo Para el Desarrollo Sostenible y ex representante de la Fundación Avina en Lima.
PUBLICACIONES
- Cambio de sentido: una perspectiva para el desarrollo sostenible.
- La responsabilidad social empresarial en las estrategias de desarrollo del gobierno peruano. Propuestas de la Carta de Navegación y el sector privado.
- La revolución de las significaciones: liderazgo, empresa y transformación social.
- Lo social y la empresa a fines de siglo. Responsabilidad social: avances y logros.
- Responsabilidad social: una nueva forma de gerencia.

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